El avance de construcciones irregulares sobre la duna costera en la Riviera Maya ha intensificado el deterioro ambiental y reabierto el debate sobre la necesidad de revertir los daños ocasionados por desarrollos que no respetaron la normatividad vigente.
Especialistas señalan que muchas de estas edificaciones se levantaron sin cumplir criterios ambientales, afectando directamente la duna, el manglar y la dinámica natural del litoral. Este crecimiento desordenado, afirman, ha acelerado la erosión y dejado expuestos cimientos en zonas donde el mar ya alcanza estructuras construidas demasiado cerca de la línea costera.
José Urbina sostuvo que ante el daño acumulado no basta con frenar nuevas obras, sino que será indispensable demoler aquellas construcciones ilegales asentadas sobre la duna, debido al riesgo estructural y ambiental que representan.
Recordó que existen precedentes jurídicos, como en Bahía Solimán, donde autoridades ordenaron la demolición de edificaciones que vulneraron el derecho a un medio ambiente sano, lo que demuestra que la restitución es viable.
El ambientalista advirtió que mantener estos inmuebles perpetúa un círculo de erosión y pérdida de playa que impacta tanto al ecosistema como a la economía local, cuyo atractivo depende de la conservación de los recursos naturales.
Asimismo, señaló que soluciones improvisadas como rellenos artificiales con arena marina generan nuevos impactos y no atienden la causa estructural del problema.
Finalmente, concluyó que la recuperación de la duna costera requiere decisiones firmes, retirar construcciones ilegales y permitir que los ecosistemas retomen su función natural de protección frente al avance del mar.
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